La percepción del Otro

Actualmente, más que en ninguna otra época, el concepto de identidad cultural y todas las implicaciones que tiene en las sociedades actuales se ha convertido en tema de conversación de todos los días. Hoy más que nunca, tenemos al alcance un click un universo de culturas y manifestaciones identitarias completamente ajenas a nosotros, pero tan cercanas como la pantalla que tenemos enfrente.

Asuntos como la discriminación racial, guerras y refugiados, economía y su impacto en las clases sociales, migración, muros y fronteras, sustentabilidad, turismo, son tema de los noticieros todos los días.

También cada vez con mayor frecuencia, podemos ver personas completamente distintas a nosotros caminando por las calles, y no hablo de distintos de manera común, hablo de personas de otras razas y nacionalidades, que antes nos eran ajenos y que ahora son parte de nuestro contexto.

interculturalidadNos percibimos como miembros de una comunidad, con determinada identidad o rasgos característicos; y percibimos a los otros como parte de otras comunidades, con sus propias identidades y rasgos. Estas percepciones determinan la manera en la que interactuamos con ellos y cómo nos comportamos ante la idea de nuestras diferencias.

“Una problemática generalmente no discutida en educación intercultural es aquella vinculada al nombramiento del “otro”. En el discurso intercultural el otro siempre aparece definido a partir de quien escribe, dibujándose ineludiblemente como un extraño o forastero.” (Corona y Pérez, 2009, p. 15).

Es justamente este ver al “otro” como ajeno a mí, este juego y mezcla de comunidades, de culturas, lo que nos lleva a analizar su impacto en nuestro propio contexto.

Desde esta perspectiva, la cultura me da identidad, me define, le da sentido a esa persona que soy. La cultura entendida como cualquier manifestación humana, la cultura que me da forma, pero a la que originalmente dieron forma otros iguales a mí.

En ese sentido, la evolución de los modelos culturales que tratan de explicar la interacción entre los miembros de diferentes culturas, y su comprensión, se vuelven vitales para la concepción de un mundo compuesto por millones de comunidades y billones de “otros”. Así, nos topamos con conceptos como: monocultural, multicultural, intercultural y transcultural, que se explican a continuación.

De acuerdo a Rodrigo y Medina (2016), podemos definir estos cuatro modelos de la siguiente forma:

  • Monocultural: el modelo dominante por excelencia. Busca la uniformidad de las manifestaciones culturales y todo aquello distinto es visto como peligroso. En este modelo lo ajeno es deficiente, lo que no es igual a mi es considerado inferior.
  • Multicultural: Reconozco al otro como diferente y lo veo, cada quien conserva sus propias características, está ahí, pero no me mezclo con él. “Estamos juntos pero apartados”. Una comunidad formada por minorías que no se mezclan, al contrario, que enfatizan las diferencias.
  • Intercultural: Al igual que el modelo multicultural, aborda la comunidad formada por distintos grupos, pero son grupos que cohabitan un mismo espacio. Esto permite incluso un intercambio cultural, pero también asume la posibilidad del conflicto ante las diferencias. Lo relevante, por supuesto, no es el conflicto, sino cómo se alcanza su resolución, de manera que se pueda convivir en armonía. En el mismo sentido, cohabitar con el otro abre la posibilidad de que mi identidad cambie de manera constante, que vea al mundo desde distintas perspectivas, lo que aporta un mayor valor cultural. 
  • Transcultural: Este modelo pretende desaparecer las clasificaciones o dejar de hacer énfasis en las diferencias, y hablar de nuestra pertenencia a una sola comunidad humana. Nos define como seres con la misma identidad, resultado de múltiples interacciones culturales. Individuos de diferentes culturas pero que al estar en contacto permanente nos influimos mutuamente.

Estos modelos se han aplicado de diferentes maneras, en distintos momentos históricos en las diversas comunidades del mundo. Y aunque en cada caso los individuos reaccionan de distintas maneras según su contexto, su historia, su educación, etc. los comportamientos se concentran en los mismos modelos.

Al final, siempre se trata no solo de la convivencia, sino de hacernos visibles, de reconocer al otro y hacer que el otro me reconozca, establecer lazos de respeto, más allá de cualquier clasificación. Aceptar nuestra condición de humanos, con identidad, cultura y riqueza para compartir.

Referencias

  • Corona, S. & Pérez, M.R. (2009). Entre voces – entre culturas. La autoría dialógica hacia la participación en el espacio público. Decisio, 24, pp. 15-19.
  • Rodrigo Alsina, M. & Medina Bravo, P. (2016). A reflection on identities, culture models and power. Journal of Intercultural Communication, 40.

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